¿De futbolista a entrenador?

¿De futbolista a entrenador?

Arrigo Sacchi al ser presentado como nuevo entrenador del primer equipo del AC Milan, ante la cantidad de preguntas en la rueda de prensa que cuestionaban su capacidad de manejar un grupo de futbolistas profesionales sin haber sido previamente futbolista de elite, contestó de la siguiente manera: “no sabía que para ser jinete había que ser antes caballo”. Pasó el tiempo y Sacchi está en el olimpo de los técnicos que cambió y revolucionó el fútbol con una nueva forma de entender el juego y apostar por una metodología de entrenamiento que marcó una época sentando las bases de todo lo que ha venido después. Gregorio Manzano, uno de los técnicos con más partidos en primera división española, comentó en varias ocasiones en defensa de su posición que “una persona que habla inglés, incluso nativa en el idioma, puede ser incapaz de enseñar su lengua a nadie”, podríamos seguir poniendo ejemplos pero baste con decir que un pasajero puede tener muchas horas de avión, volar cada semana al otro lado del mundo pero ¿significará eso que tiene capacidad para pilotar la nave? Si miramos otro deporte, el tenis, ¿cómo habrá sido capaz Toni Nadal de ser el entrenador de Rafa sin haberse acercado jamás a su nivel?, sin embargo, Rafa lo coloca siempre como pieza clave de su éxito.

Vemos que cada vez hay más entrenadores y que los clubs apuestan por ex futbolistas para dirigir sus proyectos deportivos pero, ¿tendrá realmente algo que ver jugar con ser entrenador?, ¿son profesiones similares? Cuando lanzo estas preguntas a los alumnos en los cursos de entrenador, en tertulias con periodistas o simplemente entre amigos a todos se les viene a la mente una reflexión “es importante haber sido jugador porque conocen las peculiaridades de un vestuario profesional, lo que se siente jugando, y por otro lado han sido dirigidos por grandes entrenadores de los que han tenido la oportunidad de aprender”.

Haber tenido la oportunidad de entrenar a más de 300 futbolistas profesionales de primera división en las últimas 9 temporadas, me ha alejado bastante de esa reflexión que aparentemente tiene una lógica aplastante pero que no se ve reflejada en el día a día de un grandísimo porcentaje de estos futuros entrenadores. Si esto sigue así no dejaremos paso a entrenadores de talla como Marcelo Bielsa, Rafa Benítez, Jose Mourinho, Unai Emery, Joaquín Caparrós, Fran Escribá o más cerca aún a Asier Garitano…

La profesión de entrenador de fútbol es vocacional por excelencia, sin lugar a dudas, ya desde que son jugadores se ve los que tienen madera y piensan como entrenadores; te hacen preguntas en el día a día, tienen inquietudes…se distinguen y mucho de aquellos que dejan de ser futbolistas profesionales y se encuentran en el vacío más absoluto, decidiendo ser entrenadores de fútbol pensando que es lo que está más cerca con respecto a lo que venían haciendo, ignorando las diferencias y complejidades del nuevo cargo y pensando aún como jugador en lugar de pensar como entrenador. Es curioso cuando comentan que han empezado desde “abajo” su carrera como técnicos, refiriéndose a la categoría de segunda “B», nivel al cual actualmente es difícil llegar para aquellos que no tienen un pasado exitoso en el fútbol profesional, y que comienzan realmente desde abajo, benjamines o alevines o desde primera regional en el mejor de los casos. Evidentemente tenemos también casos de grandes jugadores que también ha tenido éxito en el banquillo, pero bajo mi punto de vista Pep Guardiola, Diego Pablo Simeone o el mismo Johan Cruyff han sido siempre entrenadores, lo único que les tocó jugar unos años previos a dedicarse a lo que realmente estaban predestinados. De hecho se hablará más de la herencia que dejarán como técnicos, que de su pasado como jugadores, y si no, ahí tenemos la reciente prueba en el caso de Johan Cruyff del que tanto se ha comentado últimamente y que todos coinciden en situarlo entre los cuatro grandes futbolistas de todos los tiempos, sin embargo en este mes pasado se habla de cómo desde el banquillo dio un giro innovador y fue la base del fútbol actual a nivel metodológico, más preocupado por el legado que dejaba en un club que de conquistar o acumular títulos en su carrera como técnico.

Sí considero que aporte una mejoría innegable a un entrenador, haber practicado previamente el deporte que pretende dirigir, pero no me parece determinante la categoría en la que lo haga, porque ¿dónde hacemos el corte?, ¿pueden ser únicamente entrenadores los que hayan jugado en el Real Madrid o el Barcelona?, o los que hayan jugado al menos 200 partidos en primera. Haber sido futbolista profesional no debería ser ningún aval para ser un buen entrenador, mientras que tener pasión por serlo, sí me parece determinante en el éxito final, más allá de la categoría o el nivel en el que hayan jugado.

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